A
Mara le gusta mucho la primavera. Sólo quiere que sea primavera todo el tiempo,
que los jardines de su cuadra estén llenos de flores, los árboles de su patio
se pueblen de hojitas verdes y brotes, y que todas las abuelas salgan a caminar
a la placita de la esquina.
Tanto
le gusta la primavera que pensó en crear una máquina para fabricarlas donde quiera
y cuando quiera. Por ejemplo en su cuarto o en el living de la casa o en el
baño cuando le toca bañarse a las ocho de la mañana, o en la clase cuando la
maestra se pone aburrida.
- Qué fantástico… -pensó. Y decidió poner manos a la obra.
Mara
fue al galpón del fondo, encontró una cafetera vieja, un pedazo de manguera
roja, una olla con un agujero en el fondo, una radio rota y las herramientas de
su papá.
Entonces
hizo un plano en un papel, sacó cuentas, dibujó y en unas cuantas horas estuvo
lista la máquina de hacer primaveras.
Cuando
terminó la sacó al jardín para probarla y en eso llegaron sus amigos de la escuela, Facu y Camila, les contó de qué se trataba el invento y juntos trataron de hacerla
funcionar.
Para
empezar había que calentar un poco la cafetera, conectar la manguera roja a la
canilla del patio, la de regar las plantas, poner en la cafetera un poco de
pasto nuevo o viejo, unas ramitas, un caramelo chupado y unos cuantos restos de
crayolas de colores. Cerrar bien la cafetera y colocarla al sol, o cerca de la
luz, cantarle una canción bien bajito, cerrar los ojos con fuerza y pedir con
el corazón que se haga la primavera. También se pueden usar palabras mágicas, como "porfavor, porfavor".
Cuando
por fin la máquina estuvo andando tuvieron que ponerse de acuerdo en cuanto al
lugar donde crear una primavera:
-
Lo hacemos en la
escuela –dijo Camila- así tenemos las vacaciones de primavera.
-
Lo hacemos en casa
–dijo Mara- a nosotros nos gustan las plantas llenas de hojas y que crezcan las
semillas de mi germinador.
-
Mejor en mi cuarto
–opinó Facu- así no tendré que salir de allí.
Las
opciones eran muchas, de manera que decidieron ir probando para ver donde
quedaba mejor.
Empezaron
por el living de Mara, luego el cuarto de Facu, después la escuela, el
supermercado, el almacén de doña Cata, el fondo de la abuela Carmen, la placita
de la esquina, el cuarto de baño, la cocina, la heladera… y hasta el ropero, todo,
todo se llenó de flores, brotes, hojas y mucho pero mucho perfume.
Pero,
como sucede en primavera la temperatura empezó a subir y a hacer más calorcito,
así que las madres guardaron los buzos y sacaron las remeras, las semillas se
dispusieron a brotar, los brotes a salir, las flores a florecer y los animales
que hibernan comenzaron a despertarse
para recoger tiernos brotes de pasto y comer. Todo el mundo feliz con tanta
primavera inesperada.
Además
llegaron las vacaciones de primavera y la tarea de recortar flores para pegar
en los salones, también las bicicletas, los patines en la vereda y ni les
cuento de los pájaros. Entre ellos se corrió la voz de que por estos lugares
había muchas primaveras. De manera que el cielo se pobló de bandadas de aves
migratorias que felices y alborotadas regresaban desde los lugares fríos.
Esa
noche todos se acostaron muy felices con tanto alboroto y movimiento
primaveral, pero…
Al
otro día…
Volvió
a ser otoño como era antes… y los osos no sabían qué hacer, las semillas
tuvieron que guardar sus brotes, las hojitas nuevas se enrollaron otra vez y se
guardaron y los pájaros tuvieron que regresar por donde vinieron chocándose
unos con otros.
¿Qué
pasó?
Preguntaban
todos y nadie entendía nada. Esto es un error, decían algunos, fue una magia,
decían otros y todos tuvieron que volver marcha atrás lo que habían comenzado.
Había un gran desorden y nuestros relojes biológicos tuvieron que ser
corregidos.
Mara,
Facu y Camila se sintieron un poco preocupados.
Se
quejaron los tres a la vez, y pidieron consejo para ver qué hacían con la
máquina de fabricar primaveras.
Le preguntaron a la mamá de Mara, al padre y a la Tía Edelina que tiene muchos años y todo lo sabe, quien vino y se sentó con ellos en el jardín
para tratar de solucionar aquello.
-
Es muy lindo querer
vivir en primavera –les explicó- pero para eso hay que esperar que pase el
verano, el otoño, y el invierno; y en setiembre en nuestro hemisferio comienza
la primavera. Para eso nos preparamos todo el año, nosotros y también los
animales. Las semillas esperan su momento de dar a luz un tallo y los brotes
sus hojitas, los árboles esperan con sus ramas vacías para ser pobladas y los
pájaros esperan el anuncio de que pueden regresar.
-
¿Por qué no podemos vivir
todo el año en primavera, Tía Ede?
-
Porque ese es el orden
de la naturaleza y debemos respetarlo, y aprender a vivir con él, pasar por las
otras estaciones hace que cuando llegue la primavera la recibamos con más
ganas. Y así se cumple el ciclo de las plantas, de los animales y de las
personas.
-
Ahora, ¿qué haremos con
la máquina? Preguntó Mara, ¿podemos conservarla ?
-
Sí, la pondremos de
adorno en el living, y será muy divertido recordar este gran invento de las
primaveras por todos lados.
Y
ahora, encima de los buzitos floreados los chicos tuvieron que ponerse un
abrigo, porque el otoño es un poco fresco.
Adiós,
nos vemos en el próximo invento de Mara.
NOTA: Las ilustraciones de este cuento son ocacionales, estamos buscando un dibujante, sepan comprender, gracias.


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